En los últimos años, el cero neto pasó de ser un compromiso corporativo casi obligatorio en las agendas ESG a convertirse en blanco de cuestionamientos políticos y económicos. Lo que antes se comunicaba como una meta colectiva y estratégica hoy se presenta, en ciertos discursos, como una carga excesiva: costosa, lenta e incluso prescindible ante la presión inflacionaria y la crisis del costo de vida. Sin embargo, aunque el tono del debate haya cambiado, la evidencia científica no lo ha hecho.
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