Durante décadas, las espumas utilizadas para combatir incendios fueron asociadas con una idea simple: apagar el fuego y proteger vidas. Sin embargo, una demanda presentada por el gobierno australiano contra 3M plantea una historia mucho más compleja, en la que la protección inmediata habría convivido con riesgos ambientales y sanitarios conocidos desde hace décadas. Los documentos judiciales reúnen más de 1,600 páginas de información sobre el uso de sustancias PFAS en productos de la compañía. Y en ellos aparece una pregunta difícil de ignorar: ¿cuánto sabía la empresa y desde cuándo?
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