En un entorno donde la filantropía vinculada a figuras públicas suele analizarse con lupa, la Fundación de Bad Bunny llamada Good Bunny Foundation ha construido un modelo de intervención que trasciende la donación puntual y apuesta por procesos comunitarios sostenidos. Desde Puerto Rico, su estrategia combina cultura, deporte y educación como ejes de movilidad social. La narrativa no gira en torno a la celebridad, sino al acceso a oportunidades para niñas, niños y jóvenes en contextos vulnerables.
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