La industria de la moda enfrenta uno de sus momentos más incómodos: consumidores más informados, regulaciones más estrictas y una presión reputacional que ya no permite medias tintas. En ese contexto, las decisiones logísticas —históricamente invisibles para el cliente— comienzan a ocupar el centro de la conversación. Hoy, lo que ocurre detrás de cada envío importa tanto como el producto final.
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