Mientras el discurso tradicional del “capitalismo consciente” ha buscado humanizar la figura del empresario, la realidad del mercado global está impulsando un giro hacia un pragmatismo mucho más agudo. El movimiento de sostenibilidad (ESG) no está retrocediendo; se está volviendo “más inteligente” al alinearse directamente con la rentabilidad y la gestión de riesgos financieros. Esta evolución sugiere que la sostenibilidad ya no se ve como una concesión ética, sino como una herramienta competitiva esencial para la supervivencia a largo plazo.
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