En menos de una semana, un nuevo episodio geopolítico volvió a sacudir los mercados energéticos. Tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, el precio del petróleo reaccionó de inmediato y comenzó a subir con fuerza. Al mismo tiempo, decisiones estratégicas de actores clave —como la suspensión de exportaciones de gas por parte de Qatar o el cierre de una refinería en Arabia Saudita— volvieron a recordar hasta qué punto el sistema energético mundial depende de equilibrios políticos frágiles.
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