Durante décadas, asistir a una conferencia internacional implicó vuelos intercontinentales, hoteles llenos, traslados constantes y grandes recintos funcionando durante varios días. Para muchas industrias, estos encuentros representaban innovación, networking y crecimiento profesional. Sin embargo, también escondían una huella ambiental pocas veces cuestionada dentro de la conversación empresarial y académica.
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