Las migrañas han sido históricamente percibidas como eventos impredecibles, casi caprichosos. Un día pueden no presentarse síntomas, y al siguiente, un dolor incapacitante puede alterar por completo la vida cotidiana, el desempeño laboral y el bienestar general. Sin embargo, esta aparente aleatoriedad comienza a desdibujarse a medida que la ciencia avanza en la comprensión de sus detonantes.
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