Los incendios forestales han dejado de ser un problema estacional para convertirse en una de las amenazas ambientales más complejas de nuestro tiempo. Cada año consumen millones de hectáreas de bosques, desplazan comunidades enteras, deterioran la calidad del aire y generan enormes pérdidas económicas. A medida que el cambio climático intensifica las condiciones de calor y sequía en distintas regiones del mundo, la capacidad de actuar con rapidez se ha convertido en un factor determinante para evitar que un pequeño incendio se transforme en una catástrofe.
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