La historia de la planta de Toyota en Baja California resume buena parte de la evolución de la industria automotriz mexicana durante las últimas dos décadas. Nació bajo la lógica de la integración productiva que impulsó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), creció hasta convertirse en una de las pocas fábricas del país que ensamblaban un mismo modelo junto con otra planta y ahora enfrenta un escenario incierto, presionada por una nueva política comercial de Estados Unidos que ha decidido no prorrogar el T-MEC.
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