La ciencia atraviesa un momento de incertidumbre: mientras los gobiernos enfrentan presupuestos cada vez más limitados y replantean dónde colocar sus recursos, algunas investigaciones dependen de fuentes alternativas para mantener su continuidad. En este escenario, la filantropía puede convertirse en un respaldo estratégico para proyectos cuyo impacto trasciende a las instituciones que los desarrollan. Un ejemplo de ello es la reciente donación de la Fundación Gates por 540.2 millones de dólares al Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud (IHME) de la Universidad de Washington (UW). La aportación financiará una década de trabajo y representa la mayor donación individual recibida en la historia de esta universidad.
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