Una aversión al riesgo más marcada en los mercados financieros globales, sumado a la narrativa de que el diferencial de tasas entre México y Estados Unidos podría seguir reduciéndose, así como la fortaleza del dólar y el repunte en el rendimiento de los bonos del Tesoro, llevaron al peso mexicano a registrar su mayor pérdida en seis meses.
EL FINANCIERO
