La presencia de mujeres en puestos de alta dirección ha crecido durante la última década. A primera vista, las cifras apuntan a una transformación favorable para la igualdad de género en el mundo empresarial. Sin embargo, los avances en la cima de las organizaciones conviven con un retroceso en los niveles directivos medios y subalternos, así como con una menor adopción de iniciativas para cerrar las brechas. La paradoja es clara: hay más mujeres al frente de las empresas, pero eso no significa que las estructuras que limitan su desarrollo estén cambiando.
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