Durante años, las grandes marcas de lujo se posicionaron como referentes de sostenibilidad, presentando ambiciosos compromisos climáticos que parecían marcar el ritmo de una nueva era empresarial. Sin embargo, cuando una compañía como Burberry decide aplazar una década su objetivo de neutralidad climática, la conversación inevitablemente cambia: ¿se trata de un retroceso ambiental o de una estrategia más realista? La discusión no es menor, especialmente en un contexto donde inversionistas, consumidores y expertos en sostenibilidad observan cada movimiento corporativo con mayor rigor.
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