A finales de los años setenta, Henry Ford II había despedido de su compañía a dos ejecutivos que terminarían trabajando para uno de sus principales rivales. Hal Sperlich salió primero; después fue despedido Lee Iacocca , quien acabó al frente de una Chrysler que se acercaba a la quiebra. Con ellos también viajaron ideas que Ford había decidido no desarrollar. Una de esas propuestas terminaría convertida en la minivan, pero antes Iacocca y su equipo tendrían que resolver un problema mucho más urgente: encontrar la forma de mantener viva a Chrysler.
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