AT&T acordó vender su negocio mexicano a Grupo Televisa y Fintech Holdings por 2,000 millones de dólares, menos de la mitad de los 4,375 millones que pagó en 2015 por Iusacell y Nextel. Once años después de su llegada al mercado mexicano, impulsada por la reforma de telecomunicaciones de 2013, la compañía estadounidense optó por desprenderse de una operación que, pese a sus millones de usuarios y su posición entre los principales competidores del sector, genera una rentabilidad limitada para su tamaño.
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