El pasado 25 de octubre, los brasileños decidieron renovar su confianza en Lula da Silva, que remontó en la segunda vuelta y frenó la ola conservadora que Washington había alentado en la región. Fue un resultado seguido con atención en la Casa Blanca. El próximo martes, la mirada se invertirá y serán los estadounidenses quienes decidan si renuevan o retiran la suya a quienes hoy gobiernan, en unos comicios cuyo desenlace también se observará con interés desde América Latina.
EL ECONOMISTA
