La disponibilidad de agua potable depende, en gran medida, de la salud de los ecosistemas que permiten almacenarla y filtrarla de manera natural. En Alemania, el cambio climático, las prácticas agrícolas intensivas y el aumento de la demanda ejercen presión sobre las reservas subterráneas, lo que ha impulsado nuevas iniciativas para fortalecer la seguridad hídrica.
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