La inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta para resolver dudas de salud, pero sus respuestas también pueden influir en decisiones médicas de alto riesgo. Una nueva demanda a OpenAI cuestiona los límites de estas tecnologías tras la muerte de Bowen Wan, una mujer de 31 años con epilepsia, cuyos padres aseguran que ChatGPT la orientó para suspender su medicamento anticonvulsivo.
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